martes, 12 de mayo de 2009

El estigma Galilei


A cuatro años de haber dejado el colegio, esta mañana una extraña señora me hizo recordar el peso que tuvo mi apellido durante mi adolescencia. Francamente ya lo había olvidado.
Para no perder la costumbre, hoy mi hermana menor se volvió a levantar muy tarde y no alcanzó al carro que la lleva a diario hasta –mi ex querido colegio-; después de tomar un ligero baño y dejando su cuarto hecho un desastre, bajó a la cocina para desayunar rápidamente. Ni siquiera había alistado su mochila (incluso creo que tampoco había terminado su tarea), lo hizo en ese mismo momento. Luego con una desfachatez increíble me dijo:
No tengo pasaje, ¿mi papá te ha dejado algo?
No, pídele a mi mamá.
¡Ay! Pero ya sabes que ella no me da, ¿tú no tienes?
Si le daba dinero, me quedaba sin pasaje para ir a la universidad. Y justo hoy que tenía planeado fugarme. Como siempre pasa accedí.
Natalia *, sólo alcanza para que vayas en carro, llegarás tarde (eran las 7.25am y ella entra a las 7.30).
Ya, no importa…oye Miranda*.... ¿Puedes llevarme? Es que yo voy en moto, en carro no sé donde bajarme.

Genial, si la llevaba perdería casi una hora, y justo hoy que debía presentar un trabajo y como siempre, tenía que cocinar también. Pero no tenía tiempo para pensar, mi instinto maternal me condujo a decirle que sí a la niña rebelde que tengo por hermana (no me gusta dejar que se vaya sola, confieso que muero de miedo al imaginar que algo le pueda pasar).
Siempre te sales con la tuya Natalia, vamos rápido ya es tarde.
Salimos rápidas y furiosas al alcance de los carros que nos llevarían hasta el colegio. 20 minutos después llegamos, era tarde y los alumnos entonaban el clásico himno al colegio. Mi mente voló a aquellos tiempos, cuando enfundada en una cuadriculada falda azul, cantaba el “ya se escucha Miguel de Cervantes”, mientras marcaba el paso. Esas épocas en las que era una estudiante abnegada.
De pronto me percaté que una señora desconocida le estaba hablando a Natalia, crucé la calle y me aproxime a la escena.
Hola niña, ¿Conoces a David Rojas*?, creo que eres de su salón,
Sí, somos de la mima sección.
Hazme un favorcito, cuando entres dale este folder, es su tarea para hoy y se ha olvidado. Yo soy su mamá. ¿tú eres la hija del profesor Galilei no?
Sí, soy yo, Natalia Galilei. No se preocupe, le daré el trabajo a David.
Entonces, le dije a Natalia:
Vaya, aun nos siguen reconociendo por nuestro apellido,hermana. Que honor. Oye, debo irme, pasa de una vez. Chao.
Durante los cinco años que pase en ese colegio lleve sobre mis hombros el peso de ser una Galilei. Debería de haber sido un honor, pero la sociedad Cervantina lo convirtió en un estigma, mi apellido me quitaba libertad.
Miranda, la hija mayor del reconocido profesor de física Galileo Galilei, jamás podía ser vista causando desorden en clase o fuera de ella, no podía llegar tarde, no podía dejar de hacer una tarea ni mucho menos desaprobar un examen; no podía despojarse del incomodo uniforme aunque se estuviese muriendo de calor.
Si acaso osaba enamorarse de alguien, debía correr el riesgo de que su incipiente romance sea el tema del año en todos los salones involucrados. Y aparte de eso, debía soportar también que Galileo quedara en completo mutismo para con ella mientras duraba el proceso de asimilación de la noticia (si mal no recuerdo, tal proceso fue de una semana).
Estaba limitada a divertirse viendo a los demás hacerlo; si sus demás compañeros tenían la autorización para tomar dos latas de cerveza en el viaje de promoción, Mirandita Galilei, sólo podía tomar una, porque seguro que su padre no estaría de acuerdo con que se alcoholice más (vaya mentira del tutor!!)
Era admirada por ser la más estudiosa de su promoción, pero a la vez era calumniada por sus adversarios, quienes aseguraban que sus notas eran compradas, que ella no sabía nada de nada y que el profesor Galilei le dictaba las respuestas del examen. No era fácil sobrellevar toda esa lluvia de críticas destructivas yo sola. A veces renegaba de mi apellido (en realidad muchas), quería ser libre y feliz como los demás, despreocupada e independiente como ellos, pero tenía miles de miradas posadas sobre mis pasos.
Me gradué y por fin fui libre, ya nadie más volvió a juzgarme por ser una Galilei. Pero el estigma recaería en Natalia, mi hermana. Sin embargo a ella parece no importarle. Hace lo que le da la gana y no le da explicaciones a nadie. Es una Galilei, sí, pero prefiere que la llamen simplemente Natalia.
Igual, a pesar de las desavenencias, mi apellido es único y doy gracias por ello.
***********11/05/09, 10:17pm**********************


2 comentarios:

  1. Las cosas que pasan en la vida, son unicas y especiales, muchas de ellas te enseña como luchar contra la corriente y las demas tan sólo son cosas que pasan; pero si no existieran aquellos momentos donde sonries o lloras de nada valdría la vida es por ello que hay que valorar cada momento del vivir y eso lo haces muy bien, felicitaciones por el blog. AnJheL

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  2. JA JA JA Pobre profesor Galilei y su proceso de asimilación; y es que yo fui uno de sus discípulos y testigo ocular.

    Yo también estudié en ese Miguel de Cervantes School, y también entoné el "Ya se escucha Miguel de Cervantes, ese nombre no debe morir, mientras vibren, los pechos cervantinos..." Y también fui "el hijo de una profesora", "el hijo de Miss Alicia".

    Entiendo: uno no podía ser totalmente libre, tenía que sacar buenas notas, evitar ser sancionado en "el parte" (hay que escribir una historia sobre "el parte"), etc. Sin embargo yo no era tan tranquilito, ¿verdad?; yo estaba en el grupo Shadow, éramos delincuentes "buenos" (al estilo Robin Hood) en la escuela...

    Yo recuerdo que empecé a tontear con Jenny Mora, y al parecer todo presagiaba un felices para siempre (es decir "hasta que se acabe el colegio"), y una noche los chicos me obligaron a llamarla por teléfono, le confesé que me gustaba y ella me dijo: "Tú eres simpático, divertido, me caes muy bien, estás en cuarto año, pero... eres el hijo de la Miss Alicia..." ¡Mira mis manos, Pola, yo también tengo estigmas!

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