
Bajó por las escaleras prontamente y se internó en el bosque del gran recinto.
Deambulaba por las vías oscuras y desiertas de una ciudad que se encontraba dormida,
su aliento gélido le insinuaba que necesitaba una pequeña dosis de calor.
Pasó cerca a una banca que albergaba un nefasto recuerdo. No lo viviría más.
El viento golpeba las hojas, su rostro, sus recuerdos. Era mejor así, estaba feliz.
Miraba su delicado reloj color plata; los minutos no pasaban, poseía una quietud perpetua.
Avanzaba despacio, silente. Miró el coliseo baldío y suspiró.
Atravesaba los hemiciclos vacíos, pensaba en olvidar las mentiras, las decepciones.
Discurrían por su mente imágenes de ensueño, se olvidaba de su propia vida.
Ahora perseguía una ideal, dejó el rencor atrás. Poco a poco recobraba la lucidez.
Su complexión humana le pedía alimento, le pedía descanso.
Ya se acercaba a la metrópoli fosforescente, ya oía el ruido del gentío.
Era hora de volver a casa, con su amigo de siempre, que la esperaba para contarle sus vivencias de los últimos días. Había terminado el primer día en la universidad.
Sonreía tranquila, había vuelto a respirar.
**********Ciudad Universitaria,17 de Agosto del 2009********************(19:35pm)
**Una melodía muy bella, con la que quisiera caminar:





San Marcos siempre encuentra la manera perversa de recrear para nosotros nuestros miedos más profundos (que si bien, muchos de ellos no tienen figura, ello no significa que no puedan ser invocados) y convertirlo en atmósfera dentro del campus universitario, ¿no? Felizmente que podemos sacarle, quizá, lo único bueno a ello: nos hace escribir.
ResponderSuprimirUn fuerte abrazo, Pola amiga.
ese día fue muy cansado....pero terminé bien :D
ResponderSuprimires increíble todo lo que puede hacer San Marcos..xD
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